De la escasez a una vida con propósito

Hola, hola, soy Gladis Ruiz, hija y princesa engreida de Papá Dios, madre, emprendedora en Network Marketing, facilitadora en crecimiento Espiritual, Mental, Emocional, Físico y Financiero, pero no siempre fue así, conoce mi historia.

Si hoy estás atravesando desafíos en tu salud, tus finanzas, tu familia o cualquier otra área de tu vida, quiero decirte algo: te entiendo. Sé lo que es sentir que no hay salida, que has hecho todo lo posible y aun así las cosas no cambian.

Por eso decidí compartir mi historia. Si mi experiencia puede inspirarte a creer nuevamente y dar el primer paso hacia una vida diferente, entonces todo lo que viví habrá tenido un propósito.



Mis primeros años

Nací y crecí hasta los 14 años en la selva de mi país, mi infancia transcurrió sembrando café, yuca, plátanos y otros cultivos junto a mi familia.

Mis padres hicieron todo lo que estuvo a su alcance para sacarnos adelante, pero la situación económica era muy difícil. Recuerdo que mis primeros zapatos los tuve aproximadamente entre los siete y ocho años gracias a un programa del gobierno entregado a través de mi escuela.

Fue allí donde hice una promesa silenciosa:

«Cuando tenga hijos, ellos no vivirán las necesidades que yo viví.»


El sueño de salir adelante

A los 14 años viajé a Lima convencida de que allí encontraría una mejor oportunidad de vida.

Sin embargo, mi primer trabajo fue como empleada del hogar.

Con mucho esfuerzo logré estudiar una carrera profesional y comencé a trabajar ejerciendo mi profesión. Pensé que finalmente había alcanzado el éxito.

Pero la realidad era otra.

Cada mes recibía mi sueldo, pagaba el alquiler, la alimentación y los gastos básicos… y el dinero desaparecía.

Los años pasaban y mi situación económica seguía exactamente igual.

Sin saberlo, estaba viviendo lo que Robert Kiyosaki llama «la carrera de la rata»: trabajar cada vez más sin lograr verdadera libertad financiera porque trabajas, cobras, gastas y repites ese círculo sin salida.


El momento que cambió mi vida

Cuando nació mi primer hijo, todo se volvió mucho más difícil.

Era una madre presente apenas una hora al día.

Cada mañana lo preparaba para el colegio, luego era llevado a una guardería donde permanecía hasta las diez de la noche, cuando yo regresaba del trabajo para recogerlo… muchas veces ya dormido.

Lo más doloroso era escucharle suplicar:

«Mamá, no me dejes.»

Pero sentía que no tenía otra opción. Debía trabajar para sobrevivir.

Comencé a preguntarme:

¿Realmente esta era la vida que soñaba para nosotros?


Cuando ya no tenía fuerzas

Tiempo después quedé embarazada nuevamente.

El embarazo fue muy difícil para mí y tuve que dejar de trabajar.

Al mismo tiempo, mi hijo sufría fuertes crisis de asma. Habíamos probado todo lo que estaba a nuestro alcance, pero los ataques eran cada vez más intensos.

Mientras él luchaba por respirar, yo luchaba contra las náuseas, el miedo, la incertidumbre y una profunda crisis espiritual, emocional, mental y financiera.

Había perdido la esperanza.


El día que decidí entregarle el control a Dios

Cuando entendí que ya no podía hacer nada más con mis propias fuerzas, decidí entregarle mi vida y la vida de mi hijo a Dios.

Fue entonces cuando una colega llegó a visitarme y me compartió un producto natural.

En menos de treinta minutos sentí una diferencia en mí y noté que mi hijo respiraba mucho mejor.

Ese fue el comienzo de una transformación.

Seguimos utilizando los productos y perseverando.

Han pasado más de veinte años y, desde entonces, mi hijo nunca volvió a sufrir una crisis de asma. Mi hija creció saludable y yo también recuperé mi bienestar.

Comprendí que Dios puede abrir puertas donde nosotros ya no vemos ninguna.

Y estos son mis resultados en mi salud y bienestar


El éxito… que no llenaba mi corazón

Después de experimentar esos resultados decidí emprender.

Con esfuerzo y dedicación logré construir un negocio que llegó a generar ingresos superiores a 20,000 dólares mensuales.

Viajaba constantemente.

Desayunaba en un país y cenaba en otro.

Me hospedaba en hoteles de lujo.

Había alcanzado la vida que durante años soñé.

Pero había un problema.

No era feliz.

El éxito alimentó mi orgullo, mi ego y mi autosuficiencia.

Recuerdo estar llorando sola en la habitación de uno de los mejores hoteles y decirle a Dios:

«Tengo la vida que siempre soñé… pero no soy feliz.»


Cuando todo se derrumbó

Poco a poco empecé a tomar malas decisiones.

Mi vida comenzó a desmoronarse.

Perdí estabilidad financiera, relaciones importantes y el estilo de vida que había construido.

Terminé viviendo nuevamente en una pequeña habitación, endeudada y obligada a regalar muchas de mis pertenencias porque ya no tenía dónde guardarlas.

Viví el año más difícil de toda mi vida.

Caí en una profunda depresión.

No quería salir de mi habitación.

Había perdido toda esperanza.



La respuesta que transformó mi vida

Un día le pregunté a Dios:

«¿Por qué estoy aquí y así, si sé tantas cosas sobre PNL, Coaching, Etc?»

En mi corazón entendí una respuesta muy clara:

«Has buscado únicamente ayuda humana, pero olvidaste buscar dirección divina.»

Poco tiempo después escuché una enseñanza que cambió mi vida para siempre:

«Cuando oras, tú hablas con Dios. Cuando lees la Biblia, Dios habla contigo.»

Comencé a vivir esa verdad cada día.

Poco a poco mi mente comenzó a sanar.

La depresión desapareció.

Recuperé la paz.

Y tomé una decisión:

Volver a empezar… pero esta vez poniendo a Dios en el centro de todas las áreas de mi vida.


Un nuevo comienzo

Hoy, varios años después, puedo decir con gratitud que Dios restauró mi vida.

Me ayudó a salir de las deudas.

Me permitió reconstruir mi negocio.

Restauró mi paz, mi propósito y mi visión.

Hoy entiendo que la verdadera prosperidad no consiste solamente en ganar dinero.

La verdadera prosperidad comienza cuando existe equilibrio entre la vida espiritual, mental, emocional, física y financiera.

Mi misión

Hoy dedico mi vida a ayudar a otras personas a desarrollar ese equilibrio.

Acompañamos a hombres y mujeres que desean mejorar su salud, fortalecer su crecimiento espiritual, desarrollar una mentalidad de éxito y construir un emprendimiento que les permita vivir con mayor libertad.

Creemos que los desafíos no llegan para destruirnos, sino para formar nuestro carácter y prepararnos para un propósito mayor.


Quiero decirte algo

Si hoy sientes que tu vida está detenida…

Si has perdido la esperanza…

Si piensas que ya es demasiado tarde…

Quiero recordarte que mientras Dios te conceda un nuevo día, todavía hay propósito para tu vida.

Caerse está permitido. Lo que no está permitido es quedarse para siempre en el suelo.

Levántate.

Lo mejor de tu historia todavía puede estar por escribirse.

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